Lunes 2 de Septiembre de 2019

BRAGADO

Alfajores “Bragadito”, un emprendimiento familiar que promete llegar lejos

  • La Voz de Bragado

Antonio Acosta revive la historia del proyecto, habla del presente y deja conocer su sueño.

Hoy no es un lunes más para el país. Es que desde 1941 se celebra el 2 de septiembre como el Día de la Industria, con la particular de que se eligió un hecho de contrabando que ocurrió en 1587. 

Pensar en la industria trae a la mente grandes espacios y máquinas, mucho personal y sectores, encargados, gerente, inversiones. No hay duda sobre eso, como que los primeros pasos son totalmente distintos.

Un caso está muy cerca. Y no hay que ir a alguna ciudad de la provincia de Buenos Aires o la región. Se da en una casa de calle Belgrano con los alfajores “Bragadito”, el emprendimiento de la familia Acosta, que no para de crecer. 
“Estamos muy orgullosos de nuestro producto. Es algo que representa a Bragado en distintas formas, sobre todo, que es algo como una pyme familiar”, introduce Antonio, el encargado de las ventas y la compra de insumos. 

La familia Acosta vive en Bragado desde hace 6 años. Como notaban que se insistía para que sea un punto turístico, entendieron que era una buena oportunidad para sumarle algo. “Así empezamos a investigar, a buscar los insumos. Muchos insumos, lo que es cajas, envoltorio, son de productos que vienen de Buenos Aires. Empezar a armarlo nos tomó casi un año, poder encontrar los distintos puntos para poder abastecernos en ese sentido”, recuerda.

La caja con los primeros alfajores de chocolate es algo que Antonio jamás olvidará, como tampoco la incorporación de la línea de blanco, la cual les resultó difícil trabajar y debieron reemplazar por la blanco glasé. 

“Empezamos en las ferias. Como siempre nos fueron convocando y poco a poco fuimos creciendo hasta que, no hace mucho tiempo, empezamos a sentirnos en condiciones de poder entrar en los comercios. Por supuesto, tomamos los cursos de bromatología y todo lo que lleva a trabajo alimenticio. Empezamos con nuestros hijos, con mi señora Liliana, que ella es la verdadera fabricante”, refresca.

Respecto del proceso de elaboración del producto que, “no tiene nada de aditivos”, detalla que comienza a la mañana en tiradas cortas, se deja estacionar y, por la tarde, se comienza a hacer el envoltorio, se coloca en las cajas con la fecha de vencimiento (máximo 45 días) y se stockea.

“Contamos con una máquina de bañado de chocolate. Eso lo adquirimos a través de Empleo y Producción. Ahora presentamos el proyecto para ver si podemos adquirir la del dosificado de dulce de leche, porque eso también se está haciendo todo manual”, señala.

-Por día, “Bragadito” tiene tiradas de 330-400 alfajores. “Vamos por la dosificadora para poder duplicar eso. Se viene la Fiesta del Caballo, también tenemos que estar preparados”, afirma. 

Consultado por lo que hace al alfajor distinto al resto, responde que es representante de Bragado, el tipo de chocolate y sus 50 gramos de dulce de leche, donde los otros llevan no más de 30.

“Nuestra idea es poder tener un comercio a la venta al público, a la calle. Nosotros vendemos a través de las redes sociales (Alfajores Bragadito), telefónicamente también. El primer paso que tuvimos es nuestro mini fast food, nuestro carro de venta de café y alfajores, que lo estrenamos cuando llegó el tren”, comenta.

Además de ser elegidos como regalos de gente que pasa por la ciudad para volver a sus lugares de origen, otra de las maneras con las que el proyecto se expande, es con los viajantes que recorren la zona. “Nuestra meta, por supuesto, es que crezca como familia, emprendimiento y siempre el orgullo de representar a Bragado, que la gente con el nombre se sienta identificada. Y nosotros agradecidos a todo el apoyo de la gente y el apoyo también municipal”, suma.

Para Antonio, hacer alfajores es sinónimo de familia. “Así nació y así va a seguir siendo. Sueño que quede para mis hijos y para mi nieta; ya le dijimos que esto va a ser para ella”, revela. 

Al final, refuerza el significado de la familia y el esfuerzo: “Lo que quedó de mi padre, es que él trabajaba de albañil y a la tarde hacía muebles. Y él me decía ‘si vos madrugás para otro ajeno, tenés que hacerlo para vos’. Entonces, eso es lo que yo hago; madrugo igual, a las 6 de la mañana me levanto, si me toca trabajar a la tarde en mi trabajo formal y no le aflojo. Después salimos a repartir y ponerle toda la energía y alegría que vos podes hacer para algo propio”.
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